Se distingue como Folklore, a todas las manifestaciones espirituales y materiales que, cultivadas y mantenidas en el seno del pueblo, han llegado hasta hoy, a través de los años como expresiones propias del sentir de la nacionalidad.

Dentro de este concepto general caben denominaciones regionales comúnmente aceptadas. Así se cita como folklore cuyano al que se cultiva en San Juan, Mendoza, San Luis y parte de La Rioja; el folklore pampeano es el distintivo de Buenos Aires, La Pampa y sur de Córdoba y Santa Fe; el folklore norteño agrupa los cantos y danzas originarios de Santiago del Estero, norte de Córdoba y Santa Fe, y parte de Tucumán; el folklore andino o salteño, que involucra los que se cultivan en Salta, Jujuy, La Rioja, norte de Tucumán y Catamarca, existiendo aquí la denominación de folklore calchaquí para designar los motivos locales y, por último, el folklore correntino o guaraní, propio de Corrientes, norte de Entre Ríos, litoral del Chaco y Formosa y Misiones.

El área de influencia de cada folklore regional no está científicamente controlada, ni tampoco las citadas denominaciones obedecen a un ceñido estudio, sino que surgieron espontáneamente para diferenciar la procedencia de ciertos motivos, algunos similares entre sí. Un ejemplo de esto es el Gato, danza de la que se conocen variantes tales como el Gato correntino, el Gato santiagueño, el Gato catamarqueño, etc.

El folklore argentino no es un producto autóctono, es decir que no es la supervivencia de viejas prácticas aborígenes, sino que, en un elevado porcentaje, es resultado de la aclimatación de usos importados, correspondiendo la otra parte a motivos locales, que subsistieron a la conquista, pero que fueron fuertemente influenciados por las modalidades europeas.

Eleonora Luisa Benvenuto
Danzas Folklóricas Argentinas
Estudio Integral
1962 - Cesarini Hnos Editores



     
 
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